Bajas injustificadas del programa Vasconcelos: ejemplo de soberbia y arbitrariedad de la SEV.
/Por Ricardo Garay/
Otro día más y la SEV sigue sin voluntad: el programa Vasconcelos, un tesoro que parece destinado a desaparecer.
Increíblemente, otro día más transcurre —ya es 21 de marzo de 2026— y la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) sigue sin mostrar la más mínima voluntad para resolver la situación de los maestros y empleados del programa Vasconcelos que fueron separados de sus labores de manera injustificada e irregular. Mientras Xalapa sigue su rutina, cientos de familias enteras en comunidades remotas de Veracruz se quedan sin clases, sin computadoras, sin esperanza. Y la SEV, simplemente, guarda silencio.
Profundicemos un poco más en lo que está en juego, porque no se trata de un programa cualquiera: el Vasconcelos es una de las iniciativas más nobles y visionarias que ha tenido la propia SEV en las últimas décadas. Consiste en aulas móviles equipadas con tecnología de punta —computadoras, internet satelital, software educativo actualizado y herramientas de alfabetización digital— que literalmente se desplazan por caminos de tierra, cerros y zonas de difícil acceso para llevar educación de calidad directamente a donde más se necesita. No son salones fijos en escuelas urbanas; son laboratorios rodantes que convierten un camión o un remolque en un espacio moderno donde niños, jóvenes y adultos que jamás habían tocado una computadora aprenden a leer, a escribir, a navegar el mundo digital, a programar sus primeros códigos y, sobre todo, a soñar con un futuro que antes les estaba vedado.
Estos maestros y empleados no son burócratas de escritorio: son héroes itinerantes que cargan equipo, montan y desmontan instalaciones en horas, enfrentan lluvias, calor extremo y distancias kilométricas solo para que una niña de una ranchería en las Altas Montañas o un adulto mayor en la Huasteca pueda conectarse al siglo XXI. El programa Vasconcelos no solo alfabetiza digitalmente; combate la marginación, reduce la brecha educativa y genera oportunidades reales en los lugares donde el Estado suele olvidarse. Por eso duele tanto decirlo: parece que lo están desmantelando. Porque cuando despides o bloqueas el acceso a quienes lo hacen posible, lo que estás haciendo no es “reestructurar”; estás matando el programa en silencio. Y eso es una lástima enorme, una verdadera tragedia educativa para Veracruz. Un tesoro que costó años construir, recursos públicos y mucho esfuerzo humano se esfuma como si nunca hubiera importado.
Mientras tanto, el Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano (SIMVE), bajo el liderazgo responsable de Gerardo Velásquez Maravert, mantiene su protesta pacífica y ordenada en las instalaciones de la SEV. Lonas que reclaman “Reinstalación ya” y “Basta de acoso”, denuncias formales ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos y ante el propio órgano de control interno de la dependencia, mesas de diálogo ofrecidas… todo con respeto absoluto a la ley. No hay destrozos, no hay gritos descontrolados. Hay dignidad y exigencia justa. Pero la SEV, increíblemente, sigue sin responder con la altura que merece esta causa.
Es lamentable que un gobierno que dice apostar por la educación digital permita que miles de veracruzanos más vulnerables se queden sin clases en estas aulas móviles que tanto bien han hecho. Cada día que pasa sin solución no solo lastima a los maestros y sus familias; lastima directamente a los niños que ya no aprenden a usar una tableta, a los jóvenes que pierden la oportunidad de certificarse en competencias digitales y a los adultos que ven cerrarse la puerta de la inclusión.
Veracruz no puede permitirse el lujo de perder el programa Vasconcelos. No puede darse el lujo de que la SEV continúe mirando hacia otro lado. Es hora de que las autoridades abran las puertas de verdad, restituyan a los compañeros separados injustamente, paguen salarios dignos y protejan a quienes llevan la educación donde nadie más llega. Porque cuando el Vasconcelos gana, gana todo el estado. Y cuando se le abandona, perdemos todos.
¡Fuerza, maestros y empleados del Vasconcelos! Su lucha no es solo por un empleo; es por el derecho de miles de veracruzanos a no quedarse atrás en el mundo digital. Ojalá mañana —y no dentro de otra semana— la SEV demuestre que sí tiene voluntad. Veracruz lo está esperando.


