San Andrés Tuxtla se proyecta más allá de sus fronteras, posicionándose como un referente turístico internacional
/Pasaporte Informativo/
Veracruz tiene playas, cascadas y fiestas. Lo que no siempre tiene es un municipio que tome su tradición más íntima y la ponga a volar en el Zócalo del Puerto y en Los Pinos. Eso es lo que está haciendo la administración de Rafa Fararoni con San Andrés Tuxtla: no inventar una marca, sino proyectar la que el pueblo ya tenía hace más de un siglo.
El Festival Internacional del Globo de Papel 2026, del 12 al 16 de septiembre bajo el lema Tan nuestro como de México, es el vehículo más visible de esa estrategia. No nació en un despacho. Nació en 1914, cuando un circo argentino —o, según otra memoria, los trabajadores chinos del ferrocarril— dejó en los barrios la idea de un artefacto de papel que se eleva. Ricardo Cadena Maldonado convirtió el intento en oficio. Carlos Chávez Mundo le puso picos a la figura y nació la ilama, el globo que parece fruta de la región. De padre a hijo, de Chichipilco a Campeche, el cielo de septiembre se volvió identidad. El festival institucional tiene poco más de una década; la tradición, más de 110 años. Fararoni entendió la diferencia y la está usando bien: el oficio es del pueblo; la proyección es del gobierno.
Por eso el anuncio no se quedó en la cabecera. En julio, San Andrés llegó a Veracruz en Los Pinos: globos en el patio central, danza y cocina de humo con Jesús Airam García Ixtepan. En agosto, primera exhibición en el Parque Lerdo. El sábado 29, globos gigantes en el Zócalo de Veracruz, con taller y vuelo gratuito para despedir el verano. Y ahora el presidente municipal, desde el Puerto, mandó el mensaje que cierra el círculo: los globos de papel anuncian que la fiesta está por comenzar. Eso no es publicidad de feria. Es diplomacia cultural. Un municipio del sur pone su artesanía en la plaza más vista del estado y en la antigua residencia presidencial. Quien vive en Xalapa, Coatzacoalcos o el Puerto ya no necesita “descubrir” Los Tuxtlas: Los Tuxtlas fueron a buscarlo.
El dato económico explica por qué vale la pena. Ediciones recientes han hablado de decenas de miles de visitantes —hasta 80 mil en estimaciones de temporada— y derramas del orden de los 20 millones de pesos, con hoteles saturados no solo en San Andrés, sino en Catemaco y Santiago Tuxtla. Ciento setenta y tantos equipos locales, invitados de Yucatán, Colombia y Brasil, globos de menos de un metro y monumentales de hasta 20 o más. Cinco días de sueltas, barrios encendidos, Feria del Taco de Tilapan, Grito, desfile del 16 y un cierre con diez mil linternas. Cada globo es empleo de artesano, cuarto de hotel, plato de mojarra y puro de Santa Clara. Turismo que no se agota en la selfie: se queda en la economía familiar.
La proyección de Fararoni no se reduce al septiembre de papel. En Semana Santa el operativo arrancó en Montepío: playas limpias, más de una tonelada y media de chapopote retirada, Protección Civil con uniforme nuevo, eventos que no se cancelaron pese al rumor. El municipio tiene lo que pocos destinos reúnen en un solo mapa: Salto de Eyipantla —50 metros de cortina, 244 escalones, la cascada que el cine ya usó y no alcanzó a contar—, Laguna Encantada, Reserva de la Biosfera, Roca Partida, Balzapote, Costa de Oro, tabaco de exportación y una cocina de humo que ya se presentó en la capital del país. El mural La Candileja en el kiosco del parque Lerdo, el plan de 130 obras y la ampliación del bulevar 5 de Febrero no son adorno: son la infraestructura que convierte la visita de un día en una estancia.
Hay un hilo que une agua, DIF, playas y globos: un gobierno que quiere que San Andrés se lea completo. No solo cascada. No solo feria. Un destino que se limpia para recibir, que saca su tradición a Veracruz y a Los Pinos, y que pide al visitante lo mismo que al vecino: que se lleve un pedazo de lo que son. El 12 de septiembre el cielo volverá a llenarse. Esta vez, buena parte de Veracruz ya sabe por qué mirar hacia arriba.

