San Andrés Tuxtla invita a volar: el Festival del Globo que ya es de México
/Pasaporte Informativo/
Del 12 al 16 de septiembre, el cielo de San Andrés Tuxtla volverá a llenarse de color, de oficio y de memoria. El Festival Internacional del Globo de Papel 2026 no es un evento más en el calendario. Es la expresión más visible de lo que este municipio es, de lo que ha sido durante más de un siglo y de lo que hoy decide ser hacia el país y hacia el exterior.
La tradición nació en las calles y en los barrios, no en un escritorio. Inspirados por un espectáculo de circo a principios del siglo XX, los sanandrescanos convirtieron el papel china, el pegamento, la parafina y la paciencia en un arte propio. De los pequeños “trompitos” a las ilamas de múltiples picos, de las familias que trabajan meses en un solo globo a los equipos que hoy se cuentan por decenas, esta práctica se transmitió de generación en generación hasta convertirse en sello de Los Tuxtlas. El festival oficial, más reciente, no inventó la tradición: la organizó, la amplió y la puso a circular.
Lo que cambia en 2026 no es solo el número de equipos —alrededor de 180 grupos locales, más exponentes de otros estados y de países como Colombia y Brasil— ni las exhibiciones previas en barrios, en el Zócalo de Veracruz o en Los Pinos. Cambia la mirada. Desde el arranque de su administración, el alcalde Rafa Fararoni Magaña ha tratado este festival no como una fiesta aislada de septiembre, sino como pieza de una estrategia: cultura con identidad, turismo con raíz y economía que se mueve desde lo propio.
Esa visión se nota en lo concreto. El Ayuntamiento entrega materiales a los artesanos, organiza muestras comunitarias, promueve el evento fuera del municipio y lo articula con las fiestas patrias, la gastronomía y los barrios. No se trata de “montar un show”. Se trata de reconocer que el globo de papel es patrimonio vivo, que los globeros son creadores y que San Andrés Tuxtla gana cuando esa tradición se cuida, se profesionaliza y se enseña al visitante sin diluirla. El lema de esta edición —“Tan nuestro como de México”— resume bien el punto: lo local no se encierra; se afirma y se comparte.
El festival implica varias capas a la vez. Es cohesión social: familias, barrios y equipos que trabajan juntos meses antes de que el primer globo se eleve. Es economía: ocupación hotelera, corredores gastronómicos, consumo local y derrama que se siente en San Andrés y en municipios vecinos. Es diplomacia cultural: artesanos de otros países que vienen a dialogar con una técnica que aquí tiene más de cien años. Y es posicionamiento: cada globo que cruza el cielo es una imagen de San Andrés Tuxtla que viaja más lejos que cualquier spot.
Por eso importa el trabajo del Ayuntamiento actual. No basta con inaugurar. Hay que planear, acompañar a los creadores, abrir ventanas de promoción y entender que un festival de esta naturaleza solo crece si el municipio se presenta ordenado, hospitable y orgulloso de lo suyo. Fararoni ha insistido en una agenda cultural permanente, no en eventos sueltos. El Festival del Globo es, en esa lógica, el faro: el momento en que la ciudad se mira a sí misma y se deja mirar.
San Andrés Tuxtla no necesita copiar modelos ajenos para ser visible. Tiene una tradición única, un oficio artesanal exigente y una comunidad que todavía enseña a hijos y nietos a pegar papel, a esperar el viento y a soltar. Si esta edición se consolida como una de las fiestas con más identidad del país —y con proyección real hacia el extranjero— no será por azar. Será porque se entendió que el globo no es solo un espectáculo nocturno. Es una forma de decir quiénes somos y hacia dónde queremos ir.

