viernes, octubre 30, 2026 - 9:32 am
InicioOpiniónColumna InvitadaReivindicación del asco

Reivindicación del asco

ABANICO

Reivindicación del asco

/Por Ivette Estrada/

Es la emoción más vilependiada y negada. La que no se admite, la oculta, la que se soterra.

El asco nació como un mecanismo de supervivencia. Nos alejaba de alimentos contaminados, sustancias tóxicas o focos de infección. Era un guardián biológico. Sin embargo, con el tiempo, esa emoción amplió su territorio y comenzó a operar también en el mundo simbólico.

Hoy experimentamos asco no sólo ante lo que puede enfermarnos físicamente, sino ante aquello que amenaza nuestra integridad moral, emocional o identitaria. El asco podría ser una forma primitiva de sabiduría.

Y así, antes de formular argumentos o elaborar juicios racionales, algo en nosotros reacciona. Aparece una especie de intuición que manifiesta: «No quiero participar en esto.»

Muchas veces, el asco es la primera emoción que detecta una frontera que estamos a punto de cruzar contra nosotros mismos.

Es una especie de alarma ante hechos y relaciones que implican comprometer nuestro concepto e involucrarnos en dinámicas potencialmente dañinas. Ahora, el asco no siempre señala algo externo. A veces señala una traición interna.

Así, sentimos asco cuando observamos crueldad gratuita,cuando alguien humilla a otro para exhibir poder, en el momento en el que una organización normaliza conductas abusivas, participamos en conversaciones que degradan a terceros o cuando nosotros mismos actuamos contra nuestros principios.

En todos esos casos, el asco funciona como un sistema inmunológico psicológico.

Aprendimos a escuchar el miedo porque nos advierte del peligro, escuchar a la tristeza porque nos habla de pérdidas o advertir la vinculación entre ira e injusticia.

Sin embargo, muchas veces el asco es la emoción que primero identifica aquello que erosiona nuestra dignidad.

A veces es el último centinela antes de que aceptemos como normal aquello que nunca debió parecerlo. Es la respuesta emocional que surge cuando nuestra conciencia se encuentra con la deshumanización. No es odio. No es rabia. Es algo más elemental: la percepción súbita de que algo resulta incompatible con la humanidad que deseamos habitar.

 

POST RELACIONADOS

Nuevos post