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La sierra de Guanajuato

VALIJA VIAJERA

La sierra de Guanajuato * Arranca el Tianguis Turístico México Acapulco 2026 * Cruceros, viento en popa *

Por Alejandra Pérez Bernal

HAY UNA idea que se ha repetido tanto en la industria turística que ya casi no se cuestiona: viajar es elegir entre opciones. Destinos, hoteles, experiencias, rutas. Todo parece diseñado para que el viajero compare, seleccione y consuma. Pero hay lugares donde esa lógica simplemente no aplica. Donde el turismo aún no decide por ti

En el noreste de Guanajuato, entre la sierra y el silencio, existen territorios donde el turismo todavía no define el ritmo. Lo hacen la comunidad, el entorno… y, en muchos casos, los límites.

Ahí están Atarjea y Xichú. Dos municipios que, más que competir por atraer visitantes, parecen estar en otro punto de la conversación: cómo recibir sin transformarse.

Y en medio de ellos, articulándolo todo, la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda.

Atarjea y Xichú comparten algo que hoy es difícil de encontrar: autenticidad sin discurso.

No hay una narrativa turística construida desde fuera. No hay experiencias diseñadas para cumplir expectativas. Lo que hay es vida cotidiana que, en el mejor de los casos, se comparte.

En Atarjea, las máscaras de los robenos durante la Semana Santa no son espectáculo: son tradición. En Xichú, el huapango arribeño no es un show: es diálogo.

Y esa diferencia —sutil pero profunda— cambia la forma en la que se viaja. Porque aquí no se llega a consumir cultura, se llega a presenciarla.

Subir al Cristo Rey, en Xichú, no es una excursión más. Es un proceso. El camino comienza entre tierra suelta y curvas que parecen repetirse, pero poco a poco algo cambia. El aire se vuelve más ligero, el ruido desaparece y el cuerpo empieza a marcar el ritmo. No hay prisa posible.

En ciertos tramos, la neblina se asoma desde abajo. No enfrente, no alrededor: abajo. Como si la montaña decidiera borrar el paisaje para obligarte a sentirlo antes que verlo.

Arriba, el silencio no es ausencia de sonido. Es presencia.

Te detienes —no por la vista, que es inmensa—, sino porque algo se acomoda. Entiendes que llegar no era el objetivo. Era el pretexto. Y cuando llegas a la cima, el cielo termina el recorrido, sin filtros, sin distracciones. Sólo tú y las montañas, y los inmensos paisajes.

Infraestructura mínima, experiencia máxima

Si algo une a estos destinos es su relación con la infraestructura.

Carreteras de montaña, señal intermitente, servicios limitados, pero no por ello malos, ausencia de grandes desarrollos. Desde una mirada convencional, podrían parecer carencias, pero en realidad funcionan como filtros.

En Xichú, la experiencia turística se construye desde la comunidad: guías locales, recorridos interpretativos, rutas que no están estandarizadas. En Atarjea, el entorno se mantiene prácticamente intacto.

En la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda, hay reglas: Depositar la basura en los contenedores correspondientes. Seguir las medidas establecidas para evitar accidentes o daños en el ecosistema. Respetar y valorar la cultura local, por ejemplo, pedir permiso para tomar fotografías o participar en alguna fiesta o ritual. Limitar el uso de aparatos de sonido. Evitar el uso de ropa brillante.

Asimismo, seguir las recomendaciones para evitar accidentes. Limitar el uso de lámparas en los recorridos nocturnos. Estar informados sobre los permisos necesarios para tomar fotografías en las ANP con fines comerciales.

Además, seguir las indicaciones de cómo encender, cuidar y apagar una fogata. No introducir mascotas a las Áreas Naturales Protegidas. No comprar fauna silvestre de origen ilegal.

Podría parecer restrictivo, pero en realidad es una declaración de principios. Aquí el turismo no está por encima del territorio, está condicionado por él.

Viajar a estos lugares implica algo más que trasladarse, implica renunciar, al menos un poco, a los itinerarios perfectos, a la conectividad. Pero hay otra cosa: Hay tiempo, hay silencio, hay conexión con la naturaleza, espacio para entender el lugar desde dentro.

El reto para destinos como Atarjea y Xichú no es menor.

¿Cómo abrirse al turismo sin perder lo que los hace únicos?

¿Cómo mejorar la infraestructura sin provocar saturación?

¿Cómo crecer sin romper el equilibrio con la Sierra Gorda?

No hay respuestas fáciles, pero sí hay una señal clara: el turismo del futuro no puede seguir midiendo el éxito en número de visitantes o en cantidad de servicios.

En un país donde muchos destinos ya cruzaron esa línea —donde la experiencia fue sustituida por la oferta—, estos territorios todavía están en otro momento.

Porque al final, viajar no debería ser solo llegar a un lugar distinto, debería ser la oportunidad de encontrarse con formas distintas de habitar el mundo. Y en ese sentido, la sierra de Guanajuato —con Atarjea, Xichú, Victoria y la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda como hilo conductor— no ofrece respuestas fáciles, ofrece algo mejor: la posibilidad de detenerse… y volver a sentir el viaje.

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ESTE LUNES arranca formalmente el Tianguis Turístico México 2026, que celebra medio siglo de vida como el punto de encuentro más importante de la industria turística en América Latina.

La cita, hasta el 30 de abril, es en Acapulco, Guerrero, donde se reúnen destinos, marcas y profesionales del sector para crear alianzas, desarrollar negocios y proyectarse al mundo.

En la edición número 50 estarán presentes los 32 estados de la República; habrá 8 pabellones internacionales: Belice, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Honduras, Japón, Nicaragua y Colombia, como País Invitado de Honor.

Se espera la llegada de más de 15,000 asistentes y de 729 compradores internacionales confirmados de 17 países. El Tianguis Turístico México 2026 se perfila como la edición más grande y con mayor alcance global en su historia.

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LA INDUSTRIA de cruceros va viento en popa, con una expansión sostenida que combina crecimiento en la demanda, pero también con una profunda transformación en su propuesta de valor.

En el último informe “State of the Cruise Industry 2026” de la Cruise Lines International Association, se destaca que el sector alcanzó en 2025 un récord histórico de 37.2 millones de pasajeros a nivel global, consolidando su recuperación y posicionándose como uno de los segmentos más dinámicos del turismo internacional.

Cerca del 90% de los viajeros que ya experimentaron un crucero planean repetir la experiencia, un porcentaje que refleja satisfacción, pero también una ampliación del mercado, con la incorporación de nuevos perfiles de viajeros y una diversificación de la oferta.

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@AlejandraBernal

alex.bernal2010@hotmail.com

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