Ciudad de México, , 24 de Octubre de 2021

SÓLO NECESITABA SENTIR EL EFECTO ENVOLVENTE Y ALUCINANTE DEL ALCOHOL

Ricardo Contreras
16 agosto, 2021

CONFESIONES DE UN ALCOHÓLICO

SÓLO NECESITABA SENTIR EL EFECTO ENVOLVENTE Y ALUCINANTE DEL ALCOHOL

Por Catalina Guadarrama 

Esta vez corresponde a José N. compartir con nuestros lectores sus experiencias con el alcohol: “Comencé a beber a los 19 años en una fiesta del poli, donde estudiaba; lo que me gustó de esa primera copa fue la sensación que me produjo: estaba integrado perfectamente a la fiesta, estaba desinhibido y bebí de todo lo que había y no tuve cruda; en verdad que lo disfruté plenamente. 

Las siguientes fiestas ya no me daba pena invitar a una muchacha a bailar, cantaba con los mariachis; con cuatro copas yo estaba en ambiente, me divertía, aunque ya no concebía una reunión sin el alcohol. 

Me encantaba el alcohol, era la esencia de mí felicidad; hasta fui con chef para que me enseñara a maridar y qué debía tomar en cada comida porque el alcohol era el principal ingrediente. Sentía que el alcohol me daba personalidad. 

Al principio, bebía cada fin de semana, pero el gusto por el trago fue creciendo rápidamente, necesitaba sentir el efecto envolvente y alucinante del alcohol cada momento y pronto comenzaron aparecer las primeras señales de que algo no estaba bien: luego de una borrachera no lograba recordar nada de lo que había sucedido la noche anterior, cómo había llegado al lugar donde despertaba, o no conocía a los otros borrachos con los que bebí; las lagunas se hicieron muy comunes en las parrandas y aunque me preocupaba no aceptaba el grave problema que tenía. 

Estudiaba ingeniería en electrónica, por el alcoholismo bajaron mis calificaciones hasta que me dieron de baja porque reprobé todas las materias y de ahí me anexaron por primera vez, porque ya no podía dejar de beber; estuve tres meses, pero no hice caso, porque decía “que no era para tanto”. 

Con el trabajo, no hubo tanto problema porque tenía mi propio taller de electrónica y de ahí sacaba para pagar las parrandas. El consumo del alcohol fue creciendo y me volvieron a anexar, mientras yo vivía con mi lucha interna pues no quería aceptar el problema, pues para mí todo se resolvía embriagándome. Estaba en la inconsciencia total, pues decía que era empresario joven de 25 años, no creía en nada, había perdido las facultades y las fuerzas para dejar de beber. 

 Vivía con un tío, que nunca me reclamó nada, siempre me trató con mucho amor, me decía “es triste ver a una persona que quieres, verla en las condiciones que estas”. Él me pagó psicólogos, hospitalizaciones, estudios, todo lo que necesitaba para que yo estuviera bien, porque no creía que el alcoholismo sea una enfermedad. 

Mis familiares más cercanos me agredían porque les molestaba ir a sacarme de los separos porque chocaba los autos o me llevaban por beber en vía pública. Me llevaban a jurar para ya no tomar, como si con eso se solucionara el problema. Todos se fueron alejando, fui perdiendo todo lo que tenía.   

Mi mujer, aunque estaba embarazada, ya no se casaría conmigo. Mis familiares de dijeron “ya no podemos más, así a partir de este momento te meten a la cárcel, te atropellan ya no nos interesa, porque rebasaste el límite”, ante esa situación creí que había llegado al final de mi vida, que ya no había más para mí.  

A los 25 años quería suicidarme, pues no podía ver claro: ya dormía en la calle y la familia no quería cuidarme, así que habilitaron el cuarto del perro e hicieron un espacio para mí, porque ya habían aceptado que me moriría de borracho. Ante la reacción de mi familia sentía que la vida se había acabado para mí; por eso tomé la decisión de quitarme la vida y me fui para la carretera México-Querétaro, me aventaría para que me atropellara un camión y así terminar con esta vida inútil. 

En el camino hacia la carretera, encontré un grupo de AA y un amigo que ahí encontraba, me invitó a pasar y me encontré con un panorama diferente donde sólo tenía que acudir hora y media, el primer día no pude hablar solo lloré por un buen rato, porque no podía dejar de beber, hablé con Dios y le pedí que me ayudara a superar el alcoholismo; a partir de ese momento hasta la fecha dejé de beber.  

Cuando dejé de beber tuve delirios auditivos, de persecución, con tratamiento fueron desapareciendo poco a poco. Con ayuda del grupo pude superar todos los trastornos, siempre estuvo un compañero conmigo para apoyarme, luego me integré a los servicios, regresé a la universidad, retomé mi empresa, después de cinco años conocí a mi hijo. 

Con la ayuda del grupo de AA, me fui fortaleciendo para salir adelante, me volví a casar y tengo otro hijo, ahora soy feliz porque recuperé mucho de lo mucho que perdí y a pesar del daño que hice recuperé a la familia. 

Alcohólicos Anónimos,

Sección México, ofrece

una Alternativa de Solución

para quien sufre la enfermedad

del alcoholismo. 

Servicios Gratuitos 

Teléfonos 5557055802 / 8005613368 

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