Ciudad de México, , 15 de Diciembre de 2019

«Era feliz porque me «embrutecía» hasta perderme

Pasaporte Informativo
21 febrero, 2019

CONFESIONES DE UN ALCOHÓLICO

Era feliz porque me “embrutecía” hasta perderme

/Por Katy Guadarrama/

En esta ocasión comparte con nosotros Gerardo N., originario de Saltillo, Coahuila. Comienza su charla un poco impaciente por hablar, “ya esperaba su llamada”, así inicia: “fue a la edad de 14 años, estudiaba el segundo año de secundaria, me inicié por imitación de mis amigos mayores que yo, ellos ya tenían contacto con el alcohol, quería ser aceptado, nos poníamos de acuerdo y comprábamos alcohol de caña de un litro, los mezclábamos con refresco, nos reuníamos después de clases, con poco me mareaba; en esas primeras ocasiones, me gustaba el efecto: me sentía bien, según yo, era más seguro de mí mismo, podía entablar una comunicación más fácil estando borracho y me sentía más grande, en una palabra me transformaba, de la alegría pasaba al enojo y comencé a reñir con mis amigos, era muy violento.

Estudiaba en la normal para maestro, pero a los 22 años el alcohol ya era dueño de mi voluntad, logré terminar mis estudios, a veces no sé ni cómo fue, porque siempre estaba borracho, el alcohol siempre estuvo presente. Tuve muchos problemas, porque desde muy joven aprendí a manejar y con la borrachera me llevaba el auto de mí papá y conducía a alta velocidad, sin medir las consecuencias de mis actos, en ocasiones estuve a muy poco de atropellar a las personas. En las reuniones cotorreaba con mis amigos de parranda, de pronto había una discusión y terminaba peleando, quería someter a la gente a mi voluntad, nadie sabía más que yo.  

 Mis padres sabían del problema desde mis inicios, me internaron en un colegio en Durango, pero no había seguridad y era fácil salir del colegio. Nos fugábamos, mis compañeros y yo por la noche para ir a conseguir lo que fuera con tal de embriagarnos. El director mantenía informados a mis papás; ellos hablaban conmigo y sólo les hacía caso cuando tenía cruda moral por mis actos, pero en cuanto pasaba no me importaba nada, sólo quería embragarme.

Mis padres creían lo que les decía “ya voy a dejar el vicio”, creo tenían altas expectativas porque era el mayor de diez hermanos y suponían fuera el ejemplo para los demás, como fallé por eso me internaron.

Me dan la plaza de maestro en Veracruz, una vez que recibo mi salario, después de tres meses, lo primero que hice fue ir directo a comprar alcohol; festejé con mis amigos cuatro días seguidos perdido, de ahí, siempre bebía por las tardes o noches y podía embriagarme toda la noche pero nunca impartí clases ebrio, asistía con estragos de la cruda, a veces no sabía bien que impartía, pero eso sí, no faltaba, mis compañeros sólo me miraban, con el vicio muy pronto todos sabían y algunos compañeros profesores también convirtieron en compañeros de parrandas.

A los 28 años tenia un comportamiento agresivo con la gente, los vecinos, los amigos, con la sociedad, pero me arrepentía y cuando se me pasaba la culpa, me llevaba mi carro, pero manejaba muy ebrio, no sabía cómo llegaba de un lado a otro, cuando me daba cuenta ya estaba en otro lugar, o ya estaba en los separos de la cárcel pues tenía riñas y no sabía con quién. En cierta ocasión, desperté en el hospital después de varios días inconsciente por la borrachera y los golpes que me propinaron unos tipos con quienes reñí y me dejaron molido y casi pierdo la vida, estuve veinte días internado, mis padres aprovecharon para hablar conmigo, yo prometí alejarme del alcohol y los amigos, pero era mentira. 

 Como todo se sabe, me recuperé, y estuve a punto de ir a la cárcel porque en venganza disparé e intenté matar a mis agresores con un arma que me consiguió un amigo.

Apenas salí de un incidente, volvía a las andadas, comenzaba de tomar desde el viernes sábado y el domingo en la mañana le paraba, pero como estaba muy mal seguía tomando, aunque nunca faltaba a mi trabajo, como olía mucho a alcohol me apartaba de mis compañeros y mis alumnos, era el típico “háblame de ladito”.

Mi esposa siempre me quiso mucho, creía en mis mentiras, pues en las crudas le prometía  “llegando a los 30 dejo el alcohol”, cuando llegué a esa edad, festejé tres días y regresé no sé como a mí casa; mi esposa me recriminaba, que ahora estaba peor, porque cuando regresé del festejo y no sabía dónde estaba, como se volvió un constante reproche de parte de mi esposa, yo me enojaba y no regresaba a mi casa y seguía tomando, y ella se salía con mis hijas, pero no me importaba, no quería cambiar, no creía que tenía un problema con mí forma de beber, es más, nunca lo había cuestionado. Nunca supe sobre AA, solo vi un anuncio en la TV, fue hasta después que busqué información.

Seguido estaba en la cárcel por conducir ebrio, ya me conocían los policías, mi esposa me ayudaba a salir, pero me apoyaba con indiferencia pues pensaba que seguiría embruteciéndome, que no cambiaría, y tenía razón porque llegué hasta robar mi mujer el dinero de la comida de mis hijas para seguir borracho.

Teniendo 31 años, me fui a Estados Unidos con idea de trabajar allá para mejorar económicamente, no conocía el idioma, me valió y tomé un camión de Tamaulipas a Dallas, Texas, ahí me reciben unos amigos y me llevan  a trabajar al mercado de Dallas, al término de la jornada festejamos y nos embriagamos, porque estaban contentos por mi llegada, estuvimos bebiendo, pero ellos se retiraron a descansar, yo me salí sin conocer el lugar, pues quería conseguir más alcohol, me llevé un carro de ellos, me perdí, así estuve toda la noche,  vuelta y vuelta por el free way, me paraba a surtir gasolina y alcohol, hasta que con señas le pregunté a una dama de color, por los departamentos,  a señas me dijo que la dejara manejar y fue así como regresé con mis amigos, que por supuesto, no quisieron que me quedara. No medía las consecuencias de mis actos.

Como a los 32 años de edad ya bebía entresemana, los martes o jueves, ya no podía esperar a que llegara el fin de semana, mis ansias por el alcohol me dominaban, me ponía nervioso, malhumorado.

El alcohol representó una prioridad, yo requería estar borracho para sentirme bien. Me gustaba cantar, pero el vicio fue mi leal y fiel compañero porque encontraba todo en él.  Cuando se terminaba el dinero, pedía prestado, robaba lo que podía de la casa y robaba hasta a mi esposa para seguir tomando, con lo que alcanzaba compraba alcohol del 96, compraba un garrafón y lo preparaba con refresco, hasta frutas le ponía a mi bebida, me sentía el hombre más feliz del mundo porque podía embrutecerme, lo bebía hasta acabarlo, quedaba perdido y no importaba nada, era una necesidad para sentir me bien.

Llegué a los 35 años a  AA,  luego de un accidente de carretera; ya llevaba tres días de borracho, como de costumbre subí mi auto, me dirigía con rumbo a Saltillo y Zacatecas, pero  fallaron los frenos, traté de frenar y no pude detenerlo, choqué y quedó muy dañado el auto y no podía salir, unas personas me ayudaron, cuando estuve libre lo primero que hice fue conseguir alcohol, esa era mi rutina, pues sentí la necesidad de beber y fui a buscar donde conseguir un trago, ya con la cerveza en mano traté de beberla y no pude hacerlo, aunque no creía en Dios, fue como si una mano divina me lo impidiera. De regreso a casa con mi esposa, hablé con ella y le pedí me llevara ese lugar para dejar de beber.

 Ella me acompañó al programa de AA y estuvo conmigo para recibir la información y siempre me ha apoyado en todo, y he salvado mi vida con el programa porque cambió nuestra relación por completo, incluso mejoró la relación con las familias y fue cada vez mejor. Los problemas del alcoholismo producen rupturas en las relaciones interpersonales, es una enfermedad progresiva.

Mi desintoxicación fue inmediata, me dijeron que era poco apoco, llegue borracho, asustado y ahí escuché que alguien dijo: “tú puedes tener la última cruda de tu vida”, sufrí  mucho porque los deseos de beber no se quitan, te atacan, taladran tu cerebro, gritas, imploras por un solo trago más, hasta soñaba en las borracheras, también soñaba que estaba nadando en cerveza, que tomaba muchas copas y eso fue horrible, porque cada sueño era un martirio y quieres salir corriendo para sentir ese sabor tan particular del alcohol.

Las ganas nunca se quitan porque hasta hace un tiempo, a veces soñaba con el alcohol y el programa detiene el avance de la enfermedad, te ayuda a vencer el vicio, y ahora participo para reafirmar día a día “que hoy no bebo nada que contenga alcohol”, soy responsable de lo que pase en mí vida.

He participado en Comités de Información Publica de AA donde visitamos escuelas, hospitales con pláticas sobre prevención de alcoholismo, también hemos informado a trabajadores en empresas para prevenir la adicción al alcohol, ha sido una de las alternativas para mejorar dar a conocer el programa que nos salvó la vida.

Yo quiero compartir, que el alcohol cuando está presente en nuestra vida, nos cambia de personalidad o que lo busquemos para huir de la realidad, son las señales de problemas, por eso, les pido busquen información y se pueden ahorrar muchos problemas y escuchen a los de que desafiamos el peligro. Con este testimonio pueden ahorrarse tropiezos, como estar en la cárcel a consecuencia del alcoholismo. Conocí tres compañeros que murieron a causa de cirrosis hepática y otros que están en la cárcel por el vicio.

Se pueden disfrutar las fiestas sin necesidad de alcohol, pero el humano no experimenta en cabeza ajena. Si pudiera regresar mi vida lo haría, para no cometer tantas barbaridades, pero no es posible.

Alcohólicos Anónimos, Sección México,

Ofrece una alternativa de Solución para

quien Sufre la enfermedad del alcoholismo.

Servicios totalmente gratuitos.

Tel. 57055802. Lada sin costo: 018005613368

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