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Dios llama al corazón y a la mente

  • La vocación llega en ocasiones como un balde de agua fría que hace que corrijas tu rumbo y sigas otro, como cuando Saulo cayó del caballo y escuchó aquella voz: ¿Porqué me persigues Saulo? Después aquel persecutor, San Pablo, sería uno de los apóstoles más brillantes, estrategas y eficaces y desempeñaría su misión de manera extraordinaria
  • Por Héctor Pérez Estrada
Héctor Pérez Estrada, abogado, bohemio y autor de la columna "Buzón de Cavilaciones".
Héctor Pérez Estrada, abogado, bohemio y autor de la columna «Buzón de Cavilaciones».

Frase: “La vocación a una misión concreta hace a un lado la vanidad, los intereses egoístas, la presunción…y nos entrega a una tarea apasionante, donde se siente un vínculo con Dios como el General de nuestras batallas. Esa pasión nos desvela, nos roba el sueño, hace que las horas se pasen volando, impregna la ropa de nuestro aroma corporal; en una palabra es aquello que nos hace ser y exhibirnos frente al mundo como seres humanos profundamente felices”.

La gran diferencia entre nuestra religión católica y otras es que en las otras el hombre busca a Dios y en la nuestra Dios viene a nuestro encuentro desde aquella alianza con el pueblo elegido, los mensajes ciertos y que se cumplieron de los profetas sobre la venida del mesías y finalmente el nacimiento de Cristo que viene al hombre y llega con una misión de salvación. Ninguna vocación humana a desempeñar alguna misión en la tierra escapa a la fuente principal de esta vocación del Salvador. Todo confluye para el plan de Dios.

Hoy en día nos equivocamos mucho al hablar de nuestra vocación. Si le preguntamos a un abogado cuál es su misión. El, probablemente diga: mi tarea es hacer mi trabajo lo mejor posible, prepararme para ganar mis casos y en la medida de lo posible servir a la gente. Una respuesta muy humana y superficial. Un abogado nació para tratar de llevar la justicia a la realidad. Y eso no implica solo un roll de actividades, de audiencias, de negocios, de gestiones. Implica estar atento a la justicia que Dios quiere para los hombres y actuar en consecuencia y de esa manera ganarse bien la vida. Si no se piensa en la misión de Cristo difícilmente se enfocará adecuadamente el esfuerzo de la vocación a la abogacía.

La vocación llega en ocasiones como un balde de agua fría que hace que corrijas tu rumbo y sigas otro, como cuando Saulo cayó del caballo y escuchó aquella voz: ¿Porqué me persigues Saulo? Después aquel persecutor, San Pablo, sería uno de los apóstoles más brillantes, estrategas y eficaces y desempeñaría su misión de manera extraordinaria.

Cuando alguien  ha sido varias veces parlamentario y al mundo le preguntamos cuál ha sido la misión de ese parlamentario, seguramente contestarían: ha sido un parlamentario o parlamentaria que ha peleado por buenas leyes para México. Y la respuesta me parece parca e insustancial, porque el don de parlar y defender ciertos temas tiene un propósito muy claro en el amplio concepto del llamado de Dios. Un parlamentario con 6 o 7 experiencias como diputado o Senador no cumplirá su misión solo ocupando un escaño y quizá trabajando duro, sino enfocando el tema justo o los temas justos, que servirán al hombre de tal o cual manera. Por ejemplo, si el tema de un parlamentario es la vida y la familia, su vocación trascendente será esa justamente y las oportunidades de ser diputado o senador serán sus herramientas no su vocación y su misión.

Un escritor que escribe temas de chile de dulce y de manteca si su actividad literaria no propone con insistencia algo, no entretiene provocando permanentemente alegría y buenos sentimientos; si su narrativa es pura palabrería su herramienta o su don está muy claro lo que no lo está es su misión en la vida. Y será una perdida de tiempo estarse perdiendo entre figuras literarias que llevan a la intrascendencia.

La vocación es un llamado del cielo para dejar una huella en el mundo en el esquema aquel de Victor Frankl que decía que la vocación deambula entre dos líneas cruzadas a la mitad: de un lado: el fracaso y el éxito, del otro el ser y la plenitud. Por ello lo ideal es ser exitoso y pleno, y ello quiere decir que hacemos aquello para lo que fuímos llamados y sabemos cuál es nuestra misión en el mundo, que no es cosa fácil de discernir.

Muchos políticos han deamblado entre los parlamentos, el servicio público, en las embajadas, en la burocracia, en sus despachos, en la Universidad, en el servicio exterior…; y lo siento pero para mi ese puede ser un curriculum que apantalla a los tontos. El verdadero curriculum es de alguien que habiendo sido todo eso, aceptó su misión, que le apasiona,  por un fuerte llamado del cielo, que le decía: serás político para luchar por aquellos que no tienen mucha educación y que al no tenerla  me conocerán a mi, su Dios, de manera imperfecta. Otros lo serán porque fueron llamados al tema del hambre, otros para imprimir transparencia y ética al sector público, otros para impulsar la aplicación del dinero a los necesitados.

Seamos pues hombres y mujeres de misión.No confundamos nuestros medios y dones con la misión que tenemos. Y hay que tener muy claro que todas nuestras actividades van en un solo roll que deja huella no en muchos rolles cuyas pisadas las borra rápido el viento.

Veamos la misión de la Madre Teresa de Calcuta: el cristianismo llevado a los mas desfavorecidos.

Nada produce más alegría y estabilidad que saber  cuál será tu contribución al plan de Dios, pero por favor no se vale decir: YO HARE LO MEJOR QUE TENGA QUE HACER  allí donde me toque trabajar y a donde las circunstancias me lleven.

Pienso mucho en Eduardo Verástegui: él es actor, productor, director de cine, y esas son sus herramientas, pero tiene bien claro que su misión es llevar la fé a los hombres a través de las imágenes del séptimo arte.

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